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Conspicuo integrante del movimiento Hora Zero, Tulio Mora (Huancayo, 15 de febrero de 1948) ha publicado los poemarios Mitología, Oración frente a un plato de col, Cementerio General y País interior, libros todos ellos que nos muestran a un poeta maduro, poseedor de un lenguaje propio. Antologado y reconocido dentro y fuera del país, ha obtenido diversos premios.
TULIO MORA:
El arte es la paciencia del fuego por Rosina Valcárcel
1999: Lunes, 8 de la noche, El Ekeko de Barranco: ¿es qué acaso alguna vez fuimos eso que pensamos que podíamos ser? / Creímos, es otra cosa, y si lo tengo presente es porque temo / que aparte del mal tiempo un gran diluvio de recuerdos nos asfixie. En Huancayo, su tierra natal, durante 7 años Tulio Mora (1948) el acuariano polémico estudia en el colegio Salesiano . En Cerro de Pasco, siembra una planta con su madre. Su precoz inclinación por la poesía progresa con la lectura de Rubén Darío y César Vallejo, y, luego, el 65´ con su ingreso a San Marcos.
Esta constituye la casa de su iniciación en un oficio que pudo tener muchas desventajas pero a la vez le reserva el derecho y la libertad de la palabra, adarga que lo defiende del horror.
Entonces ya distinguía a Juan Cristóbal, Julio Nelson, Hildebrando Pérez, Juan Ojeda y a otros escritores de Piélago. Hace amistad con Oscar Málaga, Ana María Mur, María Emilia Cornejo; y, con José Rosas y Elqui Burgos, del grupo Edgardo Tello, quienes editan Estación Reunida. Eran los primeros jóvenes aspirantes a poetas con quienes comparte inquietudes. Publican sus poemas primigenios las revistas Estación Reunida, Haraui y Kachkaniraqmi. En ésta lanzamos "Confesión de amor", dedicado a Córac (#4, dic. 69, en 70). Al alba del movimiento "Hora Zero", auténticos y con prisa. Enrique Verástegui, Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruíz, Jorge Nájar, Eloy Jáuregui, Tulio Mora, otros aedas y yo, confluimos en orfandades, manifiestos, recitales, angustias, tertulias, debates, vuelos, fiestas, canciones, sueños con el Che. Walt Whitman, Santana, Juan Gonzalo Rose, Leoncio Bueno, Pablo Guevara, etc. sea en la Biblioteca Nacional, el Patio de Letras, el Estadio de San Marcos, el Taller de Breña, los cafés y bares Palermo, Wony, Merville, Chino – Chino y otras estaciones, entre desamparados, gitanas, locos e incendiarios. 30 años después Tulio tiene ya una valiosa obra vasta, de la cual destaca "Cementerio general" (lluvia, 89); no escribe por inspiración, ni sobrecarga un texto con imágenes; y para que todo no siga como está, es un periodista agudo (ejem. Prensa Latina, La Rpública, CAMBIO) y leal defensor de los derechos humanos, y de nuestra identidad / abraza a la cultura andina a través de sus fiestas). Hoy, más tierno, más cómplice, más compañero y amigo. Tras un proceso reflexivo, en la edad de la razón construye una estrategia literaria y nos sorprende con inéditos textos de alto lirismo como "Deflagración del amor", o de fina ironía como el "Doctorcito", porque contra el racismo y las consagraciones sumisas; y revaloriza al individuo.
Sí Tulio, el arte es la paciencia del fuego (dichoso el "Retrato de Esmeralda", por ello le debemos: tu ingenio a los ojos ocultos del amor; tu nobleza a mamá Emma; tu oralidad irreverente al controversial "Hora Zero"; las calles y tu colonialismo a la generación del 70; tu fe en la vida a los tercos lectores amigos como Coco, Arturo Corcuera, Raúl Gallegos, Carmen Ollé, Alberto Escalante, Tatiana Berger, Pocho Ríos, Víctor Delfín, David Tipton; tu desenfado al fraterno pueblo mexicano; tu coraje a los guerreros wancas; y a nuestra heroica universidad: San Marcos, le debemos tu belleza y ética, lo que eres en suma, un escritor comprometido con tu gente y con tu época; digna luz sobrevivir en este condenado país. Más, el Perú, aún te debe Tulio, tu firme voz insólita, tu libre poesía convulsiva y tu puntual solidaridad coral.
1999. En: Cambio. 15 jun. p.18.
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